El ritmo agitado con que vivimos en el día a día, nos lleva a caminar con pasos rápidos y angustiados, sin disfrutar ni aprender nada en cada paso que damos…
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Mientras se iba moviendo, con la calle sucia ante sí y la limpia detrás suyo, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado.
Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella lo escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.
-Ves, Momo -le decía, por ejemplo-, las cosas son así:
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