Un hombre de la Edad Media que deambulaba por las calles de su ciudad detuvo su paseo delante de las obras de la catedral en construcción, y allí vio a tres obreros trabajando la piedra. Se acercó y les preguntó:
– ¿Qué haces?
– Me gano la vida – respondió el primero.
– ¿Y tú?
– Tallo la piedra – respondió el segundo.
– ¿Y tú?
– Construyo una catedral – respondió el tercero.
El hombre que había preguntado comprendió que se hallaba ante tres seres diferentes. El primero se limitaba a asegurarse su subsistencia. El segundo era un buen técnico que no se preguntaba por el significado de la obra, pero que sin embargo participaba en ella con todas las virtudes de su conciencia profesional.
En cuanto al tercero, no cabía duda de que era un futuro maestro de obras que basaba su vida en el «¿por qué?» y no en el «¿cómo?». Este hombre era capaz de distinguir sobre el plano las líneas de la obra maestra. En la obra, en pleno trabajo, sabía ver la catedral alzándose hacia el cielo.
Nuestro paseante se fijó en la sonrisa del tercer hombre, ese hombre llevaba en sí la serenidad, la certeza que saber hacia donde va, cual es su meta.
Te has preguntado alguna vez ¿hacia donde vas?, ¿cuál es el camino que transitan tus pasos?
¿Somos capaces de mirar hacia el futuro, soñarlo y trabajar por él o solo vivimos tratando de “ganarnos la vida”?





