Tocar puerta¿Te has preguntado por qué respondemos “Yo” ante las preguntas que empiezan por “quién” y en las que directamente nos sentimos involucrados?.

Cuando al tocar una puerta, nos preguntan ¿quién?, la primera expresión que suele acudir a nosotros, es un “yo” como respuesta, generando desconcierto en nuestro interlocutor que, a menos que reconozca nuestra voz, no sabrá identificarnos. Y quizás, más de una vez, nos habrá tenido que preguntar ¿quién es Yo? para que nos demos cuenta que, por más que nos gustaría que ello fuera suficiente, tendremos que usar el nombre por el cual nos conocen.

Pero, ¿quién contesta detrás de ti?¿quién escucha y habla a través de ti?¿quién mira a través de ti?

¿Quién eres?¿Quiénes somos?
¿Un nombre?¿Un cuerpo?¿Emociones?¿Pensamientos?

Parece ser, que en lo más intimo de nosotros, está ese Alguien, llamémosle Alma, Yo Interior o como querramos, que sabe realmente quiénes somos -y sabe que ese “Yo” que responde- está más allá de un nombre, de una apariencia física, de las emociones, los pensamientos o aquello que realizamos.

Ese “Yo”, que silenciosamente nos acompaña desde que nacemos hasta el final de nuestros días, espera que en algún momento, dejemos de mirar hacia afuera y escuchemos el clamor de su voz, para que empecemos a mirar en nuestro interior, para que nos atrevamos a conocernos a nosotros mismos.

¿No será acaso que a este “Yo” al que se refiere la frase “Conócete a ti mismo”?