Tal como nos ilustra este cuento, el verdadero amor será aquel que haga nacer en nosotros un sentimiento generoso que busca el bienestar, el crecimiento personal del otro, de tal manera que, impulsándose mutuamente cada uno logre desarrollar lo mejor que tiene.
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Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.



Hace algunos años escuché esta historia, de Gabriel García Márquez, que me hizo reflexionar sobre la posición que debe adoptar el hombre a la hora de querer resolver los problemas del mundo…
Es curioso darnos cuenta que, muchas veces, nos pasamos la vida como esperando que algo especial suceda, como si aguardásemos la llegada de esa hada madrina de los cuentos de infancia, que con varita mágica llega volando y nos toca, dándonos con él el poder que esperábamos, la fuerza que nos faltaba para hacer algo grande o aquello que no nos atrevíamos por falta de valor.
Un hombre de la Edad Media que deambulaba por las calles de su ciudad detuvo su paseo delante de las obras de la catedral en construcción, y allí vio a tres obreros trabajando la piedra. Se acercó y les preguntó:
Esta enseñanza pertenece a un filósofo estoico llamado Epícteto, quien vivió gran parte de su vida como esclavo. Su amo era uno de los hombres más reconocidos e influyentes en el Imperio Romano.


